Hoy en día, con la desaparición de este ritual del ganado, la estabulación e industrialización y la apropiación de los propios caminos han ido desapareciendo de nuestra vista, muchas veces encarcelados por vayas y cancelas con candado. Sin embargo, siguen siendo suelo del estado que, por ejemplo pueden servir para nuevas rutas turísticas, ecuestres, senderistas, vías verdes...
El Grupo Senderista de Peñaflor, en su labor comprometida, está intentando recuperar estos valiosos senderos rurales con lo mejor que saben hacer.
En general denominamos con distintos nombres a los caminos públicos según su anchura:
- Cañada: la que no supere 90 varas de ancho (75 metros)
- Cordel: la que no supere 45 varas de ancho (37,5 metros)
- Vereda: la que no supere 25 varas de ancho (20 metros)
- Colada: su anchura puede ser variable siempre inferior a la Vereda
También existen caminos públicos al borde de los cauces de ríos y arroyos, así como caminos de servicio y policía y de servicio restringido como en los canales y espacios naturales, los cuales tiene también una determinada anchura:

Descripción de tipos de vía e imagen extraídas del blog Nómadas Outdoor.
Plano topográfico de nuestro término con las vías pecuarias que lo
circundan numeradas, así como sus descansaderos.
Descripción de las vías pecuarias locales y mapa de nuestro término extraído de "Revista Almenara", de artículo de Gustavo A. Contreras "Las Vías Pecuarias: Siete siglos de arraigo en nuestro municipio."
Registro de nuestras vías pecuarias
Plano del término de Peñaflor donde pueden apreciarse las vías pecuarias que lo surcan, sobre las cuales están sus respectivas denominaciones.
Uno de nuestros últimos ganaderos locales junto a su rebaño de cabras mientras las cambia de lugar de pasto. Cada vez se ve menos esta bucólica imagen por nuestro territorio.
CON PASOS DE PEREGRINO
Con pasos de peregrino
dibuja errante la senda
que hicieron antaño pezuñas,
trazos del Pastor y la Mesta.
Fieles a sus rebaños,
vidas que corren por venas,
cual ríos con secos cauces
que Llenaban redes antaño.
Y como diente de voraz garduña,
muerden las orillas con ansia,
cercan de espinos y vayan
con tal de olvidar, con saña,
caminos curtidos por botas y uñas.
¿Pueden dejarse morir
lugares que ya existieron?
¿Deben ver, impunes,
cómo se pierden esos veneros?
De sur al norte en verano
de norte a sur en invierno,
como cuando respiramos
y de vida llena el aliento.
Aquellos grandes rebaños,
arremolinados en descansaderos,
sangraban cañadas, cordeles y vías,
marchaban tras la voz del cabrero
con ostentoso cencerro
que traía el viento,
sonidos de cientos,
miles... tras el carnero.
Añoranzas claman al monte
por recuperar aquellos caminos
de queso, carne, lana
y buen yantar con buen vino,
para marchar sin demora,
con ganas,
con el hato en la canana,
siendo auténtico a cada latido.