sábado, 21 de noviembre de 2015

Recuerdos de pueblo, bendito tesoro

Cuando hablamos de nuestro pueblo se nos llena la boca, casi podemos oler sus calles y saborear su ambiente, y recordamos con nostalgia muchas de las cosas que se fueron con el tiempo, como la bella costumbre de sentarse al anochecer en las puertas, con nuestra mecedora en un gran corro donde las vecinas y sus hijos charlaban y se reían. Aún conservamos esto en Peñaflor en el día de la Candelaria, alrededor de las decenas de hogueras del pueblo. ¡Cómo me acuerdo de los días previos "acarreando" leña para nuestra Candela!
Recuerdo de pequeño ir con mi madre o mi abuelo al campo para buscar tagardinas o taganinas, borrajas, espárragos, tomillo y orégano, collejas, vinagreras o espinacas, y de vez en cuando ir a buscar palodú. En otoño moras y piñones, en navidad buscar madroños y con las primeras lluvias caracoles gordos, chicos y cabrillas... Esa riqueza se está perdiendo, y como digo muchas veces en el cole hay cosas que los niños de ahora se perderán y es una pena. Alguien me dijo una vez "Todos deberían experimentar alguna vez el montarse en un árbol"...

En el reverso reza así: "Naranjito, todo un ejemplar" (haciendo referencia al perdigón que sostiene José Álvarez Prieto). Esta foto nos la cede Dolores Álvarez, de su padre. Toda una estampa que recuerda el sabor de pueblo. Quien tuviese u familiar cazador, tuvo un perdigón en casa en una de sus jaulas artesanas y te despertaba por las mañanas con su característico gorgeo. Los gallos, las codornices o los pavos eran el sonido de las calles al amanecer. 

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