domingo, 18 de septiembre de 2016

El Peón caminero: Una profesión y un lugar en el olvido

Al pasear por la carrtera que une Peñaflor y la Puebla, por Almenara, a la altura del km 3, vemos a nuestra derecha unos restos de construcción que llaman la atención. Allí habitaron personas no hace mucho y su historia de vida quedaron en el olvido. Se le conoce como "la casilla del Peón caminero".
Tras este nombre está el nombre real de esta profesión en Peñaflor, Juan Mendoza López "El peón caminero", padre de dos hijas y un hijo, entre los que estaba Carmen Mendoza, mujer de Rafael Lopera (antiguo Bar El Barco en C/ San Antonio).
foto de la antigua Casa del Peón Caminero de Peñaflor en la carretera de Almenara, cedida por la familia Lopera Mendoza. Aunque está muy oscura, puede distinguirse la casa, hoy totalmente derruida, así como la madre de familia apoyada en la baranda y abajo dos de sus hijos.
situación de la antigua casa del Peón Caminero en la actualidad totalmente derruida.
Foto de la actualidad tomada desde el mismo lugar de la foto original anterior. Solo quedan los restos del solar de la casa y aquí se distinguen los escalones de la escalera principal.

Los peones camineros se ocupaban in situ del mantenimiento de las carreteras y caminos. En algunos Reglamentos se denominaban "trozos" al número de metros de su responsabilidad, que normalmente eran de una legua, o en su defecto el que le marcaran.
En España fue en el siglo XVIII, concretamente en 1759 y durante el reinado de Fernando VI cuando se creó la figura del peón caminero.
Sus viviendas eran de varios tipos pero las estándar eran de 79.67 m2 con un jardín o huerto de 27,90 m2.
Planos frontales y lateral de la casa estándar del Peón Caminero.

Plano general de la planta de la casa modelo del Peón Caminero.

En Peñaflor, concretamente, se construyó una casa de mayores proporciones pues servía para la estancia de ingenieros que se alojaban en ella en Verano.

En el término de Peñaflor hay registradas dos:
La de la carretera entre Peñaflor y la Puebla de los infantes, atravesando Almenara (SE-140 en el kilómetro 3 y 470m y la que se situaba e la carretera entre Peñaflor y Lora del Río, cerca de la Gasolinera (Carretera A-431 kilómetro 62’8). También había casa de Peón caminero fuera del término, cerca de la ermita de Belén en Palma del Río, y entre Lora del Río y Alcolea del Río.

Las casas de peones camineros pertenecían al Estado, concretamente al MOPU, el antiguo Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, también muy popular décadas atrás. Normalmente cuando el peón moría, la familia entera debía abandonar la casa. Muchas veces sus condiciones y su sueldo era penoso para vivir en tan duras condiciones.

El estado de las carreteras durante el franquismo era deplorable, la mayoría estaban cubiertas de un fina capa de arena y compactada por una apisonadora, sin asfalto. Los peones camineros se encargan de arreglar los baches y rozar las cunetas.

En su reglamento oficial les encargaban de:

· Igualar las rodadas que hiciere el carruaje en el camino, allanándolas con azadón o rastro macizando antes las que fuesen profundas con piedra, guijo o material más sólido que haya a mano quebrantando las piedras si fuesen gordas con almádena y siendo menudas apisonándolas para que no queden en hueco y recebándolas con los bordes de las mismas rodadas: cuidando igualmente de limpiar y desembrazar el camino en la parte que haya mucho barro y señaladamente en los baches sacándole fuera de él antes de cubrirle con el material sólido que necesite para hacerle firme y de conservar el lomo y bombeo que es la parte más esencial del camino y la que más padece.

· Donde esté el guijo descubierto por haberse llevado los aires la última capa, cubrirla nuevamente con arena, tierra o el material equivalente que halle a la mano.

· Si sobre el camino hubiese rodando piedras movedizas demasiado gordas, sacarlas de él y recogiendo también todas las que se encuentren a las orillas hacer montones a trechos sobre los paseos para hacer uso de ellas en el tiempo más oportuno y cuando llueva.

· Tener limpias las zanjas o cunetas de los lados, abriendo y recavando las que se hubiesen cegado recargando los paseos con la tierra que produzcan y echando sobre las tierras inmediatas la sobrante.

· Tener limpias las entradas y salidas de las alcantarillas y su hueco para que las aguas no tengan detención en las zanjas de la parte superior del camino.

· Entenderse inmediatamente con el Celador de su departamento, obedeciéndole en todo lo que le mande respectivo al beneficio del camino y avisarle de los reparos mayores que no pueda por sí ejecutar para que tome providencia.

· Tener cuidado con los daños que se hicieren en el camino, sus obras y árboles, para denunciarlos ante las justicias, con arreglo a la Ordenanza.

· Asistir todos los días al camino, aunque haga mal temporal, desde que salga el sol hasta ponerse y aun los festivos para estar a la mira de lo que ocurra, ausentándose solo de él para ir a cobrar su sueldo en fin de cada mes a la Tesorería donde se le pague porque de lo contrario no gozará sueldo alguno.

· Si hallaba alguna persona o personas en el camino con apariencia de gentes de mal vivir y delinquiendo, podía asegurarlas y conducirlas a los lugares de la jurisdicción o a las Casas de Postal, dando parte a las justicias para que vinieran a encargarse de ellos.

Peones camineros en plena faena. Lloviera o hiciera extremada calor, siempre al pie del camino.

Las herramientas del peón eran la esportilla de esparto, la azada y el porro de mango largo, del que se servía para partir las piedras. A veces se ayudaba de un burro.

Poco a poco, con la modernización de materiales y maquinaria, se fue extinguiendo este oficio hasta acabarse totalmente.
Placa de identificación del oficio de Peón Caminero.

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