domingo, 21 de octubre de 2012

Una foto que representa el cambio generacional

Como todo en la vida, hay un prinicipio y un final, aunque siempre habrá momentos en que los finales no se quiere que lleguen y otros que se espera con espectación lo que acontecerá.
Con respecto a la Iglesia, en Peñaflor siempre se le ha tenido un cariño especial y los sacerdotes que han ido pasando han percibido la esencia de nuestro pueblo en lo bueno y lo malo, como en los mejores matrimonios.
Don José, Don Eugenio, D. Ramón, D. Javier y ahora D. Alberto han bautizado, casado o dado el último adiós a la mayoría de los cucos que hoy siguen este blog, cada uno con su caracter y su forma de llegar a los feligreses.

Aquí podemos ver una de las pocas fotos en color que se conservan con los dos sacerdotes juntos en Peñaflor: el saliente D. José y el entrante y joven D. Eugenio, en una postal para el recuerdo en el altar mayor de la parroquia junto con tres antiguos monaguillos, que siempre les han ayudado en sus labores José Luis Parra Fernández, y sus primos Lorenzo y Antonio Lopera Fernández. Miembros de una familia, apodada "los lagartos" que ha estado muy vinculada a la iglesia desde pequeños.

   Abajo a la derecha el mismo Jose Luis Parra junto a otro hermano de Antonio y Lorenzo, Francisco Lopera.
Mi padre, Lorenzo Parra Fernández también estuvo mucho tiempo de monaguillo con D. José el cura.
En un bautizo de la familia Vizuete Bocero oficiado por D. José y al fondo Miguel Fernández Parra y mi padre Lorenzo Parra, como monaguillos.

D. José tenía fama de saber entusiasmar a los jóvenes con proyectos e ideas. "La Cajilla de Mixtos", un club famoso del pueblo, tuvo mucho que ver con este movimiento. Excursiones, bailes, juegos... eran sus formas de llenar cada domingo la parroquia de niños y no tan niños.

Una esperpéntica y divertida anécdota:
Hubo un día en que D. José el cura asustó al obispo que venía de visita a la parroquia. Le dijo: Pues sabe usted, tengo muchos "lagartos" que tocan las campanas y me ayudan en la eucaristía... a lo que el obispo, sorprendido le preguntó: ¿Pero, cómo? ¿que los tiene amaestrados? ¿Y no le muerden?... en ese momento aparecían mi padre y sus primos bajando de tocar las campanas y les presentó a "los lagartos" que le ayudaban.

Esperamos vuestros comentarios y aportaciones fotográficas. Animaos y participad.

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